Andrés Vio. Celebración Aniversario N° 33 Octubre 2018.

LAS CIRCULARES ESTACIONES DE ANDRÉS VIO

[A Carmen Azócar, a los 33 mágicos años de la Galería de Arte El Caballo Verde]

por Tulio Mendoza Belio

Academia Chilena de la Lengua

Premio Municipal de Arte de la Ciudad de Concepción [2009]

“El centro está en todas partes. Curva es la senda de la eternidad.”

Friedrich Nietzsche

            Andrés Vio nos invita a recorrer la casa-circunferencia con todos sus círculos-habitaciones en un diálogo plural que insiste, a través de un carácter serial y casi anafórico, en sus pliegues y repliegues, en sus estaciones, cerraduras, aperturas y expansiones para entusiasmarnos, encantarnos y fascinarnos en el juego de infinitas posibilidades y realizaciones que su inteligencia y emotividad abren como un particular abanico denotativo, es decir el objeto mismo y su despliegue solo hasta el semicírculo que, esta vez, ya connotativamente, debe sin embargo cerrarse sobre sí mismo para completar el círculo (imposibilidad y quiebre en la realidad de la realidad, no en la del arte, ni en la de la imaginación), para que aparezca entonces la circunferencia deseada, anhelada e intuida, verdaderos objetos visuales: invención, deseo, seducción, pulcritud, devoción, dinamismo, lúdica paciencia.

Este mundo circular, o más bien en espiral, ya que nunca dice lo mismo, se nos muestra como íntimo y secreto, colectivo y plural y aparece como una obra circunscrita a un territorio aparentemente cerrado, a un microcosmos donde todo puede suceder (y de hecho sucede), pues una obra es siempre continuidad para poder lograr así una unidad compacta que le dé cuerpo en su cohesión y coherencia, en su recurrencia y progreso, en su sorpresa y lograr así una visibilidad y una presencia, aún en sus quiebres, ausencias y desórdenes. La geometría viene a darnos, como en una relación amorosa, ese abrazo fantasma que nos desordena, como en el poema de Carilda Oliver Labra, y en el cual nos disipamos por un instante, también en el sueño y en la imaginación, para inquirir con un ¿quién eres realmente?

Al estar enmarcadas, algo sostiene a estas circunferencias: un marco uno dentro de un marco siempre otro, como constelaciones o planetas. Es increíble lo que Andrés Vio puede lograr en un espacio aparentemente semejante y limitado, pues lo que planta como centro o periferia o senda, como en un jardín, nos conectará con profundidades, raíces, rizomas, lazos en todo sentido, vetas, venas, texturas, tramas, correspondencias, analogías y proyecciones que pueden transformar lo geométrico abstracto en estrellas, lunas, soles, ojos, ruedas, esferas, globos, balones…

De ahí que podamos hablar de un tempo, de una velocidad y de un ritmo, de pausas y silencios, de vibraciones y pulsiones, de gestos y reverberaciones visuales y por qué no, acústicas también, acaso una obra no dice y nos habla mediante una melodía significativa en esta especie de concierto, ciertamente certeza de un acierto hondamente profundo y logrado por Andrés Vio. Baste que observemos varias obras reunidas, como en una exposición, para que nuestros sentidos despierten y recorran un cuerpo vivo que habla y deslumbra con signos que producen la impresión de un movimiento, una estética del movimiento en todo sentido: principalmente la invitación al viaje, un recorrido textual por diversos materiales que cambian (papel, papel de diario, cartón, madera, tela, cerámica gres, lápiz grafito, chaya) y se resignifican dialógicamente para crear otros textos, otros universos, otros tejidos que constituyen sus obras y, del mismo modo que Roland Barthes nos habla de una “moral del lenguaje” en El grado cero de la escritura, también podríamos aplicar aquí a esta manifestación plástico-visual ese carácter funcional, lo cual implica una escritura [un hacer] cuya función ya no es sólo comunicar o expresar, sino imponer un más allá del lenguaje que es a la vez la historia y la posición que se tome frente a ella.” “El centro está en todas partes. Curva es la senda de la eternidad.”